La
mutilación del salvaje encuentra su trágica supervivencia en la autorrenuncia
que desfigura nuestras vidas. (…) Que el cuerpo peque una vez, y se habrá
librado de su pecado, porque la acción es un modo de purificación.
"El retrato de Dorian Gray", Oscar Wilde.
El arte nace como un componente
inherente al Ser Humano, es su manera de expresar lo que ve y lo que siente, es
el modo en que conjuga ambas sensaciones.
Ya desde la Antigüedad el Hombre se
convirtió en el centro de la creación artística: el antropocentrismo lo situaba
como eje en torno al cual producir un arte más humano y menos colosal. El Ser
Humano era el núcleo. Desde entonces, en el desarrollo de la Historia del Arte
éste ha sido uno de los planteamientos más desarrollados y afianzados: el
individuo como parte esencial de la práctica artística.
Sin embargo, durante el siglo XX esta
concepción vivió uno de sus momentos de mayor estímulo y probablemente mayor
radicalidad con prácticas como el body art. Me refiero explícitamente a
acciones marcadamente violentas (o violentadas) porque el propio artista pasaba
a ser un objeto más en la creación artística: no sólo se tomaba al hombre como referencia sino que era el foco de la
actividad creativa.
El proceso de desmaterialización de la
obra de arte, impulsado por el arte conceptual, adquiría así unas dimensiones
trascendentales que aún hoy se encuentran en pleno desarrollo.
Los planteamientos son diversos: Yves
Klein, interesado en el cuerpo como receptor y emisor de una carga espiritual
que plasmó en sus obras, donde lo vacío y el grado cero del arte era un
compendio de lo inmaterial y lo casi místico.
Piero Manzoni, encargado de convertir
el cuerpo en un ready made más, capaz
de ser una potencial escultura o una obra de arte como tal.
Los integrantes del accionismo vienés,
con un interesante contenido crítico a la sociedad austríaca del momento y
convertidos en los nuevos practicantes de ritos casi dionisíacos, con sangre y
vísceras, donde los cuerpos de los artistas o los participantes eran heridos y
lesionados.
En Estados Unidos, por su parte, el
desarrollo del arte corporal se vio impulsado también por la influencia de
Duchamp y su intento de unir arte y vida, de banalizar acerca de la exquisitez
de lo artístico y de convertir lo mundano en algo sublime.
Los soportes tradicionales se
abandonaban para tomar uno mucho más cercano e ilimitado: el cuerpo.
El happening y la performance
convertían ahora al público en parte de la acción y su participación en esta suponía
completar el mensaje del artista.
El cuerpo, pues, es un objeto esencial
en la creación artística desde los sesenta del siglo pasado. Y no sólo para el
arte plástico como lo entendemos, sino en todas sus manifestaciones: la danza,
la música, el teatro…disciplinas diferentes que ahora aparecen conjugadas por
este nuevo planteamiento.
Sin embargo, cabe plantearse una
cuestión, ¿por qué es el cuerpo un fundamento para la praxis artística?
Probablemente la respuesta más evidente
sea la más inmediata: porque es algo realmente innato como tal. Es lo primero que poseemos, y además, lo que
tendremos siempre. Es nuestra base y nuestro desarrollo, y al final de todo,
será también nuestro desenlace. Nacemos cuerpo: algunos creen en un ente
superior como el alma y otros no, pero todos coinciden en lo mismo: la
autenticidad del propio cuerpo.
Sin necesidad de ser artistas lo
utilizamos a diario, lo transformamos, lo vestimos, lo observamos, lo
interpretamos.
Nuestro organismo nos convierte en
máquinas perfectas, con todos los elementos perfectamente coordinados en ese
sostén común, el cuerpo.
Planteando esta reflexión, no nos
parece, pues, tan descabellado que sea el objeto de la praxis de muchos
artistas, aunque paradójicamente sí que resulta extraño que se tardara tanto
tiempo en utilizar como tal.
El significado conceptual que cada
artista adopta a la hora de interpretar su cuerpo y la relación con su contexto
es diferente, pero todos lo ven como un mecanismo de cambio, de transformación,
de crítica, de clamor si se quiere.
Podemos afirmar que casi más que ningún
otro medio, el cuerpo es explícitamente exterior y se muestra siempre, en mayor
o menor medida, a los demás. El artista lo utiliza como pancarta
reivindicativa, como llamada de atención.
El desnudo, el disfraz, el
color…diferentes modos y un mismo fin para resaltar el mensaje que el autor
envía.
El cuerpo es un perfecto método de
reclamo. Se utiliza en la moda y en la publicidad con un fin comercial, en las
reivindicaciones sociales como toque de atención (como las huelgas de
hambre)…Se reinventan y renuevan los cánones de belleza, se promueven ciertos
modelos corporales por encima de otros…pero en definitiva, el soporte es común
a todas estas manifestaciones.
El artista hiere, enmascara, camufla o
mitifica su cuerpo con un fin: el feminismo de Valie Export, la hermosura ideal
y casi mística de Santa Orlan, el sacrilegio crítico de Michel Journiac, las
acciones ascéticas de Gina Pane en busca de las debilidades corporales, el
posicionamiento político y social de Beuys…
El cuerpo no es sólo un fundamento para
la praxis artística, es también su base conceptual, su desarrollo plástico y su
fin público. Convertir nuestra propia materia en algo artístico dignifica no
sólo al propio artista sino al propio arte: conjugar lo que soy y lo que muestro para llamar la atención de los espectadores.
Cuerpo como ente propio y ajeno, como
soporte y fundamento, como base y desarrollo, como plasmación y resultado. Un
cuerpo dispuesto como materia prima para el análisis y el trabajo artístico.
Cuerpo que puede ser lacerado, golpeado, transformado, pintado, adiestrado,
consumido… Expresión de anhelos internos y frustraciones profundas, de deseo
sexual y de repulsión carnal. Un cuerpo para declarar la guerra o la paz, para
la reflexión o para la intervención. Un cuerpo para crear arte.

Yves Klein: Salto al vacío, 1960.
Michel Journiac: Misa para un
cuerpo, 1969.
Orlan: La reencarnación de Santa
Orlan, 1990.