sábado, 28 de enero de 2012

El "studium" y el "punctum" en la fotografía

Estos días que me encuentro inmersa en los exámenes de Enero, estoy aprovechando para leer una obra básica e imprescindible para conocer el significado estético de la fotografía: La cámara lúcida de uno de los grandes teóricos del posestructuralismo, Roland Barthes.
El libro trata más bien de una reflexión personal que el autor hace para entender qué le atrae de la fotografía (y de determinadas fotografías) y cómo explicar el asombro que esta le produce.
Su definición de la misma resulta particularme interesante: Lo que la fotografía reproduce al infinito únicamente ha tenido lugar una sola vez: la Fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente. (...) Es el Particular absoluto, la Contingencia soberana.
Podemos decir, pues, que la fotografía guarda aquello y aquellos que ya no están, es capaz de superar a la Muerte (algo que también reitera a lo largo de todo el libro).

Además, Barthes plantea en este texto dos conceptos que serán decisivos a la hora de describir y comprender la fotografía: el studium y el punctum.
Él mismo los define así:  No veía, en francés, ninguna palabra que expresase simplemente esta especie de interés humano; pero en latín esa palabra creo que existe: es el "studium", que no quiere decir, o por lo menos no inmediatamente, "el estudio", sino la aplicación a una cosa, el gusto por alguien, una suerte de dedicación general, ciertamente afanosa, pero sin agudeza especial. 
Frente a este studium, más convencional, se sitúa el punctum: No soy yo quien va a buscarlo (del mismo modo que invisto con mi conciencia soberana el campo del "studium"), es él quien sale a escena como una flecha y viene a punzarme."Punctum" es pinchazo, agujerito, pequeña mancha (...); es ese azar que en la fotografía me "despunta" (pero que también me lastima, me punza).


Estos dos conceptos resultan claves para poder analizar y valorar la fotografía. En el caso de "studium" lo dominante es más bien el gusto, el interés educado y aficionado por la fotografía, en muchos casos común a todos.
Sin embargo, el "punctum" va más allá: es mucho más subjetivo, afecta a las emociones y por lo tanto de distinta forma a cada uno.
Viendo diferentes fotos, cada uno encontrará en ellas un "punctum" distinto en cada caso.



jueves, 5 de enero de 2012

El trabajo de Marcos Arroyo: breve reflexión sobre el proceso creativo del artista.

Quizá el momento más complicado para un artista de cualquier disciplina es el instante antes de ponerse frente al lienzo-papel en blanco y comenzar a trabajar. A mí me pasa ante el folio vacío, y creo que las demás que se dedican a crear sienten lo mismo ante el medio que utilizan para expresarse (el vídeo, la fotografía, la pintura...).
La inspiración, ese éxtasis creativo que tanto preocupaba a los griegos y a los románticos sigue siendo aún hoy una verdadera desconocida, que aparece a capricho cuando uno menos lo espera y le transmite lo que de sí mismo sabe hacer mejor.

El caso del fotógrafo de Pontevedra Marcos Arroyo no es distinto. Al igual que he podido observar en el proceso de investigación de otros artistas, un primer planteamiento teórico/reflexivo es seguido después por una respuesta físico/práctica. Tomo este ejemplo porque es el caso que más cerca he trabajado últimamente.

Marcos Arroyo ha ido desarrollando una línea de trabajo completa, centrada en su interés por el ser humano y sus emociones. La figura clave de toda su trayectoria es precisamente la persona concreta y sus sensaciones. Habrá entonces quien se pregunte cómo es esto posible tras haber visto algunas de sus series como "Ego sum lux mundi" o la videocreación "Formas primigenias". Lo cierto es que la esencia es la misma: a través de lo natural y lo vegetal se expresan igualmente las emociones del ser humano: miedo, búsqueda, serenidad, recuerdo. Encontraremos siempre una condición humana en sus piezas aunque éstas no se aprecie a simple vista. Sus fotografías y vídeos buscan profundizar en lo primitivo de nosotros mismos, nuestro origen más remoto y nuestras emociones más relevantes.