lunes, 23 de julio de 2012

"Expanded black box" una propuesta interesante en Arte Santander 2012.

Hoy domingo 22 se clausura la feria Arte Santander de este año, que pudo visitarse desde el jueves 19 de Julio.
El pasado viernes aproveché para acercarme a la capital cántabra y visitar los distintos stands de las galerías, que una vez más exponen según el modelo de solo project que promueve la feria, es decir, un proyecto de un artista con una base teórica y una mayor calidad conceptual. 
Al contrario de lo que suele ocurrir en las ferias de arte, aquí no se concentran artistas y obras dispares en un reducido espacio sino que un proyecto único condensa lo mejor de su creador y supone también una mayor claridad para el espectador.
Entre las numerosas piezas presentes en Arte Santander, hubo algunas que me resultaron especialmente interesantes, y he pensado en citar aquí una en concreto.
En Louis 21 "The gallery" de Palma de Mallorca se exponía la propuesta del artista Joan Morey (Mallorca, 1972) bajo el título "Expanded black box".
Las citas a las que se alude en la hoja informativa que se entregaba son del todo reveladoras: en primer lugar aparece San Juan de la Cruz, dando pistas desde el principio de cuál es la base conceptual de la pieza.

Un solo pensamiento vale más que el mundo.
 
El proyecto, tal y como se puede leer en la información, se articula a partir de texto (oral y escrito) e imagen (fija y en movimiento) conjugando distintos elementos que buscan convertir la obra de arte en un acto de fe. 
Entre 2007 y 2012 Joan Morey trabaja en "Expanded black box": un cajón flightcase almacena obras con soportes diversos como instalación, vídeo, sonido, collage o fotografía, que son desplegadas en el lugar de exposición, a modo de boite en valise duchampiano.



Esta caja es la que da título al proyecto, junto al "black" que más allá de ser un mero color se convierte en la base conceptual del mismo, aportando significados diversos que de por sí conlleva el "negro": luto, estética SM, "lunes negro" para los valores de los mercados, sucesos dramáticos...
La caja negra es también el dispositivo que recoge todo lo que ocurre en un avión en caso de accidente.

Esta "black box" que se expone en Arte Santander tiene también cierto componente autobiográfico, ya que una vez abierta se expande por el espacio y muestra en cada lugar una colocación distinta, y por lo tanto, una interacción diferente con el espectador.
Se busca deconstruir el sentido de los datos y su resultado final, de practicar una autopsia artística y reflexionar sobre el sentido actual que damos a conceptos como amo y esclavo, algo en lo que Joan Morey lleva trabajando a lo largo de su carrera, basándose en el libro de Hegel "La fenomenología del espíritu".

La caja, que ocupa todo el stand de la galería en la feria, se contrae al final de esta para replegarse sobre sí misma y volver a expandirse en otro lugar distinto y con diferente resultado.
"Expanded black box" reúne en su interior piezas visuales y sonoras que, pese lo interte de su propia materialidad, consiguen crear un ambiente performático, cargado de sentido espiritual.


viernes, 6 de julio de 2012

Cine antibélico y antimilitarista en Stanley Kubrick


Al referirme a Stanley Kubrick y su cine antimilitarista hay que  señalar que la personalidad del director es un elemento decisivo en las películas, aunque lo haga desde una perspectiva aparentemente invisible. La mirada que Stanley ofrece sobre la condición humana, muy cercana al pesimismo, incluso desesperanzadora, no desluce esa capacidad de exposición de la misma, incapaz de dejarnos indiferentes ante ninguno de sus films.
Precisamente la crítica que se ha lanzado contra él por el tiempo existente entre el rodaje de una película y otra no es un defecto ni algo casual: sus aficiones juveniles, tan dispares entre sí como el jazz, la fotografía, el ajedrez…le han llevado a convertirse en un director obsesivo por controlar cada momento de la producción del film, desde el guión hasta los pasos para su explotación, que desembocan cada tres, cuatro, cinco años en una obra maestra en cada una de las cuales hay impregnada un poco de la personalidad de Stanley Kubrick.



Stanley Kubrick nació el 26 de julio de 1928 en el barrio neoyorquino del Bronx, en el seno de una familia judía norteamericana de origen centroeuropeo.
En 1934, con tan sólo seis años, ingresa en la escuela primaria aunque sus primeros años no resultan ser muy provechosos en lo referente a lo educativo. Sus padres deciden enviarlo a casa de su tío Martin en Santa Ana, California, durante las vacaciones de verano.
A la vuelta, Stanley regresa con una nueva perspectiva, atraído por la fotografía y el ajedrez. Recibe como regalo una cámara Gaflex y comienza así a visionar por vez primera a través del objetivo de una cámara.
Sus estudios en la William Howard Taft High School entre 1943 y 1945 resultan ser poco brillantes, aunque paralelamente Kubrick consigue un trabajo pequeño en la revista Look tras el éxito de una instantánea suya a un vendedor de periódicos rodeado de curiosos que observan en las imágenes la repentina muerte de Roosevelt. Se trataba de un trabajo sin excesivas ambiciones, pero que ayudaría decisivamente al joven Stanley a mirar  el mundo de otro modo.
Además de la fotografía y el ajedrez, Kubrick era aficionado al jazz.
En sus propias palabras leemos cómo el ajedrez le hizo entender el cine como un juego de estrategia e inteligencia, algo que aplicaría posteriormente en sus producciones.
Fue rechazado en la universidad por sus bajas calificaciones pero acudía igualmente a la Columbia University de Nueva York en calidad de oyente.
Sobre 1946 comienza a interesarse por el cine: acude regularmente la Cinemateca del Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde descubre las grandes obras del cine, así como acude cada fin de semana a los cines de Long Island para visionar las últimas novedades. Él mismo reconoce que trataba de verlo todo. Esta formación autodidacta en lo visual en movimiento la completó con la lectura de los grandes clásicos y teóricos del séptimo arte: Teoría y práctica del montaje, de Sergei Eisenstein o On Film Technique de 1930 de Vsevolod Pudovkin.
En colaboración con Toba Metz, encargada de la coordinación de la producción, así como de Alexander Singer, compañero de escuela que trabajaba en March of Time, se animó a realizar su primer cortometraje Day of the Fight en 1951, donde narraba la preparación del boxeador Walter Cartier, del que ya había realizado una sesión fotográfica en Look.
Ese mismo año repite la experiencia con el encargo de la RKO de grabar Flying Padre, un corto sobre un reverendo de Nuevo México que ayuda a sus feligreses transportando en su avioneta.
En 1953 vuelve a trabajar en un cortometraje en The Seafarers, de carácter documental, financiado por la World Assembly of Youth para el Departamento de Estado.
Estas pequeñas incursiones de Kubrick en el cine serán el aperitivo con el que decide lanzarse ese mismo año, en 1953, al largometraje con Fear and Desire.
Se trata del primer largo del director, donde además el tema de la violencia en la guerra y el antimilitarismo dan comienzo a una serie de películas que tratan la misma idea.



En su cine bélico y antimilitarista Kubrick se ha centrado en las grandes crisis humanas como la guerra, la catástrofe nuclear o la violencia bélica, ha sido constante a lo largo de su carrera.
Quizá no haya otro género tan trabajado a lo largo del tiempo por el director como este: desde su primer largometraje, Fear and Desire, hasta lo más reciente, La chaqueta metálica, Kubrick ha ido dejando un poso de antibelicismo y antimilitarismo, no sólo denunciando la sinrazón de la guerra sino también la arbitrariedad de los regímenes militares y la locura consustancial a los soldados obligados como tales a responder por la patria.
La brecha entre los que mandan y los que obedecen, entre la identidad privada de cada uno y la impuesta por el todo cuando se forma parte del grupo, del ejército. Este tema es constante en varias de sus películas, tanto en Senderos de gloria como en La chaqueta metálica, aunque ampliaremos esto posteriormente al analizar cada caso.



El drama humano de la guerra y la pérdida de la personalidad por la colectividad, el enfrentamiento interno con el grupo e incluso con uno mismo, son los valores presentes en las películas de Kubrick.