lunes, 4 de marzo de 2013

"Memoria por correspondencia". Recordando a Emma Reyes.


Cuando me regalaron este libro el pasado enero por mi cumpleaños aún no tenía ni idea de quién era Emma Reyes, como les ocurrirá a muchos que escuchen su nombre por vez primera.

Lo que tampoco sabía es que al abrir la primera página y empezar a leer me encontraría con un relato que engancha desde el principio, y que a nos cuenta, a través de pequeños capítulos escritos en forma de carta, la vida en la infancia de esta artista colombiana.
En una correspondencia no correspondida (al menos en el libro no lo es), leemos las veintitrés cartas que Emma Reyes le envía a su amigo y confidente Germán Arciniegas y donde relata cómo fueron sus primeros años de vida. Existencia agitada la suya, en un contexto social y familiar difícil que no le permitía acudir al colegio, para terminar viviendo durante varios años en un convento con más niñas y monjas.

Publicado en una coedición entre Laguna Libros y la Fundación Arte Vivo Otero Herrera, este libro es más que eso, es un diario, un refugio en el que descargar los recuerdos que pesan en la memoria.


Una comienza leyendo lo que parece una carta pero a medida que el relato avanza se da cuenta que se trata de un cuento, de una narración ensoñada, propia de quien escribe de la infancia como un recuerdo, casi como un sueño a medio construir, entre lo que uno recuerda y lo que cree recordar y debe recomponer.
 
Son evocaciones y palabras dulces e ingenuas propias de una niña inocente, cargadas de sentimientos y ternura, algo que hace que una comience leyendo la primera carta y no quiera parar hasta terminar el libro.
Los libros que se basan en cartas y correspondencia tienen siempre un aliciente especial en lo literario y en la relación con el lector: lo convierten en autor, ya que hay una parte que nunca se lee (la respuesta del receptor, en este caso Germán Arciniegas). Precisamente por esto el libro atrapa, hace que te sumerjas en la historia y quieras saber más y más de esa niña bizca a la que colocan unas gafas de cartón con un único agujero en el centro, intentando corregir el defecto de la vista. 

En cada escena e historia, aunque ocurra en Colombia en las décadas de los 20-30 y 40, puede perfectamente encontrarse una similitud con la España de la posguerra, los habitantes de pequeños poblados, alejados de la gran urbe, con un ritmo y tiempo distinto al del resto. Lo mismo ocurre con este libro, que no deja margen para calcular ni los días ni las semanas ni los años, que sucede según Emma va recordando y que nos sumerge en un estado de ensoñación sin espacio ni tiempo. Entre las cuatro paredes del convento el tiempo se detenía.

Un libro que narra la dura infancia de una de las artistas contemporáneas más reconocidas en Colombia (fallecida en 2003), que fue capaz de mostrar a través de sus pinturas y dibujos una calidad extraordinaria propia de quien no aprendió a leer y a escribir hasta los 18 años, y necesitaba otra vía para expresar lo que sentía.
Un libro recomendado a quienes aman el arte y a quienes no, ya que este relato es capaz de llegar a todos precisamente por la sencillez e inocencia en cada palabra.

Y para quien ya lo haya leído, y haya sentido como yo la necesidad de saber qué fue de Emma Reyes…
http://www.soho.com.co/zona-cronica/articulo/que-paso-emma-reyes/29333


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